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Bájatelo gratis picando en la portada

Así en el cielo
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Fotografía de portada:
E.de Juan
ISBN: 978-84-613-2096-7
9 horas de lectura
Autor: salvador moreno valencia
Categoría:
Narrativa
Subcategoría:
Novela
N° de páginas: 232
Tamaño: 170x235
Estado: Público
Interior: Blanco y negro
Maquetación:
Pegado
Fue en
diciembre de 2004 cuando me vino la idea de escribir esta novela. Acababa de
publicar
Una puerta en el laberinto, con poco éxito, bueno, mi amigo el escritor
Ernesto Pérez Zúñiga, me dijo: “Está muy bien escrita”. Y precisamente en aquel
invierno de 2004 -el mismo día que alguien en la boda de mi amigo Salvador Albendín,
me contaba la noticia de aquel nieto que en Estados Unidos había sido
detenido por la policía por tener éste a su abuela metida en el congelador
alegando que no quería desprenderse de ella-, mi querido amigo Ernesto me hizo
una visita, no lo pude atender como él se merece, porque estaba invitado a la
citada boba, así que Ernesto me entregó un ejemplar de su recién sacada novela
Santo diablo, y tras despedirnos, él se dirigió a cumplir lo que había
prometido, y enterró un ejemplar de la novela bajo el ojo de la cerradura, donde Plinio se sentaba a contemplar el ocaso, y yo me dirigí a cumplir con el
compromiso en la boda de mis amigos Salvi y Eva. Y fue entonces, como he dicho,
que tras oír la noticia tuve la idea de novelar la aventura de aquel nieto que
tanto amaba a la abuela, tanto que fue capaz de meterla en el congelador para
mantener su cuerpo intacto.
Pensando en
aquella historia hice unos apuntes y me olvidé del asunto, tenía otros
menesteres en que ocupar mi tiempo, debía, a toda costa, encontrar un empleo
para que la recién creada familia no sucumbiese antes de haber celebrado el
primer aniversario. Y como ya he dicho al escribir sobre Una puerta en el
laberinto, las casualidades de la vida me llevaron a La Luna State, donde después
de trabajar como un gilipollas, al servicio, precisamente, de otro gilipollas,
pero éste cabrón, escribí
Pasos Largos, el último bandolero y poco después la emprendí con
Así en el
cielo, porque en una de las mudanzas había encontrado el apunte sobre aquella
esperpéntica noticia. Así creé al detective Leopoldo Alas, al comisario
Cesáreo Márquez, a Aéreo y Abundia, nieto y abuela, así como a otros personajes
que poco a poco, conforme la acción de la novela se iba desarrollando, fueron
apareciendo y tomando protagonismo, tanto que algunos de ellos, al inicio
secundarios, usurparon al protagonista el papel de primer personaje que hasta su
muerte llevó con pundonor y toda la dignidad que era capaz de albergar el tan
atípico investigador privado.
A esta novela
le ocurrió lo mismo que a Una puerta en el laberinto, y que a Pasos Largos,
el último bandolero; fue
rechazada por unas diez editoriales, que no voy a citar aquí, por respeto a sus
amables respuestas hechas para tal fin, y que no me restan valor, ni me menoscaban,
pero tampoco me valoran al no tenerme en cuenta.
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