r e l a t o   d e l   m e s

 

Vídeo: Julio Cortázar y mi vecina Malevolia

 

 
Relato ganador de octubre
 
MURIO HACE QUINCE AÑOS Y YA NADIE HABLA DE ELLA
Por: Bernardo Rafael Álvarez
 

Fue, como escribieron en el aviso de su muerte, rusa de nacimiento pero española de corazón ("russe de naissance, le couer espagnol"). Y, en efecto, su corazón se desbordó inconteniblemente por España y los españoles y también por muchos latinoamericanos, y un sinnúmero de peruanos entre ellos. Se sabía que su origen era noble, de aquella nobleza caucásica que sucumbió por designio del régimen bolchevique que se entronizó en el Kremlin; pero, salvo algunos traviesos ingresos en su intimidad, nadie se atrevió (gracias a la delicadeza de la prudencia) a preguntarle cosas al respecto. Su exilio irreversible la llevó a la Península Ibérica y recaló, finalmente, en Francia. Los avatares previos no los tenemos registrados pero, indudablemente, debieron parecerse en algo al retorno de Ulises a Itaca. Lo cierto es que por la particularidad dramática y riesgosa de su situación tuvo que sepultar su identidad verdadera y recurrir a la protección del seudónimo que, como ocurre casi siempre con los seudónimos que no llegan a uno por determinación ajena sino por propia voluntad, en su caso fue bello (resplandeciente, en verdad, como apuntara Jorge Falcón, su amigo de muchos años). No obstante provenir de donde provenía (casta o linaje despreciable a decir de las izquierdas radicales), fue una mujer que abrazó, perdón: que ejercitó con vigor, rotunda y contundentemente, las causas antifascistas en la Guerra Civil Española y se involucró en la resistencia francesa, adoptando en tales circunstancias (décadas del 30 y 40), como nombres de combate, "Delia Toral" y "Lucienne". El brío de sus convicciones y la vitalidad de sus actitudes fueron lección para muchos; uno de ellos, Alfonso Colodrón, reconoció la significativa influencia que en su vida ejerció aquella mujer, de la que dijo era “la más extraordinaria de las nómadas anónimas” que conoció. España la recuerda, mejor dicho: creo que la recuerda: una galería artística tiene, al menos, el nombre que ella usó hasta el final de sus días. Fue -ya es hora de decirlo- una mujer realmente excepcional. Murió, a los 94 años de edad, prisionera de su nostalgia, pero había vivido en libertad, y, así, libre amó y libre sirvió a los demás. Las buenas o malas lenguas (o las "malas voluntades", que a veces sirven para ponerles sal y pimienta a las relaciones humanas) le inventaron multiplicidad de amantes y sueños, y allí (que no lo sepa la "andina y dulce Rita de junco y capulí") hasta al mismísimo "Korriskosso" de Santiago de Chuco -sí: César Vallejo- le atribuyeron alguna incursión sin él haberse enterado (cosas de la libertad, pues, cosas del amor). Quienes sí ingresaron en el entorno cálido de su bondad, sabiéndolo al revés y al derecho, fueron muchos artistas e intelectuales peruanos, medio desprotegidos huéspedes del "Barrio Latino" -años 60- a quienes, con hospitalidad infinita, juntaba en su pequeño departamento de París (rue de Beaux Arts) alrededor de una mesa poblada de bondad; ellos, es muy probable, deben haber presionado la tecla "delete" en su cerebro, eliminándola de su memoria, porque olvidar es el recurso más fácil y expeditivo para deshacerse de la carga plúmbea que significa la gratitud. Pero, en fin, por ahora solo nos interesa referirnos a aquella mujer, hacendosa, comedida, en la que -lo decimos siguiendo a Falcón- "conjugaron esplendor, bohemia y heroísmo". Murió hace quince años, el 2 de octubre de 1991, y sus restos acabaron incinerados en el Columbario de Pére-Lachaise, en París. Hasta ese día, con dignidad, se llamó, simple y bellamente, así: Desirée Lieven. Ya nadie habla de ella.
 

Bernardo Rafael Álvarez, poeta y escritor peruano, nació en Pallasca. Ha publicado “Aproximaciones & conversaciones”, “Dispersión de cuervos” y  “Toro de trapo y algunas otras deudas”; tiene por publicar “Los bajos fondos del cielo”.

 
 
Relato ganador de septiembre
 
Nenena en Fuengirola
 

Por Carlos Medina Viglielm

¿A quien se le ocurre hacerle un homenaje a la suegra?

A mí

 Estábamos con Anabella mi compañera y mi padre comiendo asado, eso que en Málaga y también en otras partes, llaman barbacoa. En Montevideo, asado a las brasas, aprovechando una tregua que dio el invierno: un magnífico día de sol.

Mi padre, que en su niñez y juventud trabajó como gaucho en los campos del norte de Uruguay dijo, rememorando los versos de un trovador: "Compermiso v'iá d'entrar, aunque no soy convidao, pero en mi pago un asao, no es de naides y es de todos, yo voy a cantar a mi modo, después que haya churrasquiao".

"Que tiempos aquellos, -recordó Anabella-, en que la gente recibía al visitante ofreciéndole un plato de comida. Ahora…"

Todavía hay gente de esa – tercié- que "Da todo lo que puede dar, su casa está de par en par, quien quiera entrar, tiene un plato en la mesa…", como "Tío Alberto". Tu madre fue y es así. Concluí.

Bueno, en realidad a ella no le gusta mucho andar haciendo público su sobrenombre. Le pido disculpas por darlo a conocer.  En realidad, se llama Bélgica Luc y sus abuelos deben haber sido originarios de algún pueblito al sur de Francia.

Yo conocí a Nenena en 1968, en algún anochecer, en un encuentro de estudiantes en el pequeño living de su casa, living al que llegamos de la mano con Anabella en aquel año, después de alguna corrida escapando de los gases de la policía. Con Anabella festejamos los 40 años de pareja, justamente en Fuengirola, en julio pasado.

Aquellos eran unos días felices, cuando nos llevábamos el mundo por delante y exigíamos a grito pelado que había que cambiar esto y lo otro. En el verano, los fines de semana íbamos a la "Casa de Nenena" en la playa. Allí, mientras tratábamos de arreglar el mundo o tocábamos la guitarra y cantábamos,  Nenena cocinaba para todos. Siempre sonriente, aunque para resolver, más que cocinar, con los pocos recursos con que contaba, hacía magia. Cuantas veces nos habrá servido a todos y se habrá retirado a la cocina a "hacer algo", disimulando que no había quedado comida para ella.

Luego vinieron los tiempos duros. 1972, 1973, la dictadura, el horror, las angustias, caer preso, sin otra alternativa que dejar a Anabella allí con los ojos grandes y asustados y partir escoltado por militares, hacia un destino desconocido.

Después me enteré que Nenena ya había pasado por eso, por el drama de la inseguridad y el terror bajo un gobierno dictatorial. Mucho antes, en 1933, en la dictadura de Terra. Entonces, acompañando al padre de Anabella había visitado alguna prisión para ver a compañeros presos. El abuelo de Anabella perdió su puesto de trabajo de Gerente de un Banco, por haber vendido propiedades para comprar armas que se alzarían contra la dictadura.

Primero llevaron preso a Juan, el marido de la hermana de Anabella. Tiempo después a mí. Después partió la hermana de Anabella con su marido y sus pequeños al exilio. Y allá anduvo Nenena llorando por los rincones. Después fue a ver a su hija a la Argentina. Pero más adelante su hija se fue tan lejos…

Después nos fuimos Anabella y yo y allá quedó Nenena, recibiendo una carta de vez en cuando. Hasta que se unió a nosotros en Suecia. Y fue la misma Nenena de siempre, ayudando con los nietos y años más tarde con los bisnietos. Y ya cumplió ochenta y nueve y sigue cocinando, lavando la loza y cambiando pañales cuando cuadra.

Ella iba a volver a Uruguay. A mí me gusta mucho como ella hace las tortas de manzana y ya le había dicho que tenía una agenda para que las hiciera. Pero pasó por Fuengirola a visitar a su nieta y ahí se quedó para ayudarla. Le gusta mucho leer. A veces se va caminando hasta la playa por la calle Oviedo. Es muy simpática. Hablen con ella.

 
Relato ganador de agosto
 
El auténtico autor de Cantos Especiosos
 

La lápida se mostró acechante: “Aquí yace el cuerpo de Lorenzo Robredo Tomares. 1976-2006. D.E.P.” Nacía de un sendero sinuoso y lúgubre, tras unos insinuantes helechos olvidados; la lápida parecía abandonada, pues había sido sitiada por las raíces de un eléboro triunfante que la cubría con una decrepitud desoladora. De súbito, la lluvia se desplomó sobre el cementerio. Era la hora justa para saldar cuentas con la injuria: había hallado la tumba de Robredo.

Lorenzo Robredo fue el único instigador de sus vigilias. En su juventud fue salteador de las mareas estivales, a las cuales robó su sal para escribir en las dunas los más bellos epítomes enamorados. Como del tallo cortado de la amapola nada inferían sus allegados, Robredo compuso Las Indefensas, su primera tentativa poética. En aquellos cuarenta poemas lloró con valentía el destino inane que se depara a estas vírgenes escarlatas, a estas nínfulas de los valles. Del amor explicaba en su prefacio que consistía en “la fugaz pugna de la naturaleza individual por idealizarse; por detener, siquiera por un fútil instante, la maquinaria del Universo en eterno movimiento”; de los celos dejó escrito en el poema I “que estaban hechos del cristal del viento, pues herían siendo invisibles”; en el poema VII dejó proclamado que la muerte de la amapola “atragantaba de iniquidad a la sangrienta luna menguante”. Aquella expresión la tomó prestada, años más tarde, el poeta Rosendo Rosales en su poema Mordaz Marea, publicado en el número 58 de la revista Esencias de Alicante dirigida por doña Leonor Rico. Como todo poeta genuino, Robredo fue capaz de cosificar los sentimientos suministrados por la memoria en su lucha por pensar, en su combate por parar el tiempo en el papel; la crítica no se lo concede, pero soy de la opinión de que logró amplificar el eco reverberante de su ambiente al hipostasiarlo, al elevarlo a la categoría de Idea platónica.

Compuso Cantos en los Mares junto a las minoicas playas de Cádiz. Al albur de la caridad que los lugareños tenían para con aquel extraño mendigo, nuestro poeta arrastró su llama por aquel lago de lágrimas titánicas. En esta segunda obra cantó a las gaviotas, “solitarias centinelas encrespadas y soberbias, testigos de la erosión de los mares”; “a esa arena de la playa traída por el viento de las derruidas pirámides de Egipto” dio nombre; a cada grano, a cada puñado de arena, a cada duna entonó y cantó su fidelidad imperecedera; lloró en la soledad de lo profundo, con el espíritu inflamado por el Céfiro, atragantándose en la inmensidad de los crepúsculos incendiados. Hoy en día, la gente recuerda de Cantos en los Mares aquella metáfora del alba tan discutida por la crítica en torno a su originalidad: “Ola de fuego que prende en los líquidos campos tridentinos”. Yo corroboro que es de Robredo sin ambages. Recaló, en sus últimos años, en Alicante; en aquella iluminada tierra compiló sus experiencias en la que se considera por algunos pocos (muy pocos, tan sólo uno) su gran obra: Cantos en las Dunas. Este poemario, no obstante, apareció intitulado como Cantos Especiosos, título bastardamente escrito por la pluma del funesto librero al que Robredo entregó su última obra, don Bonifacio Saltón. Robredo, antes de fallecer, había presagiado que “todo amor reside en la entrega de nuestros bienes, de que todo lo que se posee, se pierde.” Bonifacio Saltón, aterido por semejante joya poética, editó el libro haciéndolo pasar de su autoría, apropiándose del genio de aquel espectral visitante.

Bajo la lluvia, Bonifacio pidió perdón a la lápida restallante: se reconoció deleznable, absurdo, un auténtico impostor de la palabra herida.

Yo soy Bonifacio. Os suplico me concedáis tan sólo esto antes de que me clave este puñal en el pecho frente a la tumba del genio: que fue el poder de la belleza el que me hizo el reo más abyecto de esta tierra. La fama que tengo no me sirve; tan sólo la sangre en la lápida y la carta que contienen estas confesiones, servirán para testar que fui un fraude.

Ricardo Mena Cuevas

 
El relato ganador del mes de julio es el siguiente:
 
La luz de la miel
 

La luz de la miel, similar al de aquella farola se me insinuó de una brusca manera e hizo que me acercara al ordenador como poseído por la necesidad de escribir, y así estoy meciéndome entre la paz y la intransigencia del instante, que a mi modo de entender es lo que siempre perdura.

El vidrio húmedo de la indeferencia. La soledad del corredor de fondo.

Nunca la risa se mostró tan innecesaria e inútil como en estos momentos.

Las nubes se clavaban en los cristales del edificio como el apego al Hombre. Alimentaban un síndrome de postal poco común en aquella soleada tarde de un invierno sólo sponsorizado por el calendario. Marzo.

Dedicado a Victor Erice

Bolo,  junio 2.008

 
De todos los relatos presentados para el Relato del mes de junio, hemos seleccionado dos, el primero titulado Nada de Stella Manaut, y el segundo La bizarra vida de fulano flauta de El Kebran.
 
NADA; NADIE
 

Se sintió flotando tras su marcha; desdoblada;  como protagonista de una película que no fuera la suya; una película de su propia vida, que ahora ya no era VIDA sin él.
Se apoyó en  la pared y las flores del papel se le subieron por el brazo, le cubrieron el cuerpo, la cabeza, y se hizo NADA para atravesar el muro que la separaba del dormitorio.

Había dejado de ser, sumida en el dolor infinito de su ausencia
Intentó tumbarse en la cama –aquél nido mimado donde le amó hasta la extenuación- para pensar en él y recrearse mil veces en su angustia pero, se hundió suavemente, atravesando la colcha de piqué amarillo, la manta, las sábanas bordadas con las iniciales de ambos, el colchón… hasta hacerse NADA en el suelo.
Observó detenidamente el somier y se le revivieron, como un lamento, los ecos estridentes y reiterativos del metal reseco, crujiendo en la aceleración de los cuerpos.

Había dejado de ser, sumida en el dolor infinito de su ausencia
Suavemente, sin peso, etérea, se deslizó por el suelo y, sin el menor esfuerzo, se elevó por encima de los muebles, hasta tocar el techo y abrazarse a la lámpara, enroscando en ella las piernas.
Por unos segundos se sintió niña en un columpio, pero pronto recobró la sombra de la realidad. Abrió los brazos, separó las piernas pero, no cayó bruscamente, sino que su cuerpo, sin FUERZA, sin ESPÍRITU, sin ALMA, fue cayendo poco a poco, hasta rozar el suelo, en una sensación real de irrealidad que no era más que la traducción de su infinito y profundo tormento.
Quiso verse reflejada en el espejo, leer la tragedia en sus ojos, ver la mueca de profundo desdén en su boca; su pelo enredado; las arrugas que se habían ido apoderando de su cara a medida que él prolongaba las ausencias. Pero vio  NADA. El azogue no devolvía su imagen; ya no era NADA; NADIE.
Quiso tocarlo, para que el frío tacto de la superficie le devolviera el sentido, pero su mano atravesó el cristal, igual que hubiera atravesado la superficie de un lago.
Pensó ahogarse en él, introducirse toda ella en el líquido y dejar allí su infinita nostalgia.
Lo cruzó convencida de que su NADA se haría infinitamente más NADA para siempre.

Quería dejar de ser, sumida en el dolor insoportable de su ausencia
Pero, no fue agua lo que encontró, sino una habitación desconocida donde el sol entraba a borbotones por los amplios ventanales cubiertos de flores, de pájaros… Y se oían risas y se sentían besos y se respiraba felicidad.
“Se me han debido trastocar los sentidos”, pensó.  “Si no soy  NADA sin él, esta felicidad NO ES MÍA” e, inmediatamente, desaparecieron ventanas, risas, besos, sol y una noche infinita se apoderó de ella. No era NADA. No había NADA. El OSCURO total. El SILENCIO total. La AUSENCIA total. Sin FUTURO ni PRESENTE. Sin HORAS. Sin SUEÑOS.
“Estaré muerta”, pensó, y la idea le sentó bien, porque ya nada podía justificar su NADA.

Había dejado de ser, sumida en el dolor infinito de su ausencia
Intentó tocarse la cara, los brazos, el cuerpo… y sus ¿manos? sólo atravesaron el aire denso del VACÍO más profundo.
Súbitamente escuchó una voz en la lejanía, unas palabras repetidas en tono monocorde que, poco a poco, iban acercándose a su ¿oído?.
Se quedó quieta en el hueco de su alma; expectante. ¿Sería la voz de Dios? La oscuridad infinita dejaba, sin embargo, que el sonido de unos pasos lentos se colara por sus rendijas. Alguien se acercaba; ya podía casi comprender las palabras que venían de no se sabe dónde, de no se sabe quién. Un poco más y se adentraría en el mensaje. Un crujido de esperanza la rozó.
Pensó en el inútil gesto de cruzar las manos, como para una plegaria y, de pronto, sus dedos se sorprendieron tocando la yema de sus dedos ¡Empezaba a dejar de ser NADA a medida que la voz se acercaba!
“El sufrimiento de amor
sólo es una quimera
Tú no sufres; es tu yo
el que al dolor se aferra”
Súbitamente recobró el contacto de sus ojos, su nariz, su boca. El pelo había perdido el tacto de estopa y los surcos de su cara se volvieron dulce piel de melocotón.
“El hombre que mal te quiere
no merece ni una queja.
Si con su marcha te hiere,
te consuela con su ausencia”
Tocó sus pechos, y también habían recobrado la tersura de la juventud; rozó sus caderas y las sintió, desafiantes, destacar de la estrecha cintura.
“El amor que, sin respuesta,
el que ama, al amado entrega,
no es amor, que es larga pena”
Amaneció de nuevo en la habitación. Las ventanas volvieron a abrirse y se llenaron de pájaros, de flores, de esperanza. El sol limpió las sombras.
Y la voz se iba alejando, sin presencia, con pasos de los que no dejan huella.
“Vuelve al mundo y a la vida,
no dejes que duelan penas…”
Con su melena al viento y la esperanza recobrada, salió de la habitación por una puerta de flores que la depositó, de repente, en su misma casa, en su mismo cuarto, en su misma vida de siempre.
Y, fue de nuevo ELLA, y borró el dolor que le dejara su ausencia. Se supo estafada, burlada, humillada. Fue consciente también de que él nunca la había amado; de que su entrega jamás tuvo respuesta; de que las infinitas atenciones con que había mimado cada segundo de su vida desde el instante en que se encontraron, no fueron más que el quejido de su amor propio herido ante el desprecio.
Imagen recobrada en el espejo, en el alma y, un ruego en lo más profundo de su conciencia:  que jamás se cruzara en su camino otro hombre que supiera desatar su NADA.
Stella Manaut

 
LA BIZARRA VIDA DE FULANO FLAUTA
 

Toda historia, toda vida tiene un comienzo. La vida de Fulano Flauta comienza por su concepción  en una húmeda, fría y cochambrosa sala de proyecciones de un ruinoso cine en una ciudad de provincias. El operador y la taquillera mantenían furtivos encuentros sexuales mientras en la pantalla se proyectaban películas del oeste, comedias musicales o melodramas muy románticos que formaban parte de los ya olvidados programas dobles. Nueve meses después de ese clavo vino al mundo Fulano llamado así por su insignificancia supina hasta mucho tiempo después cuando se convirtió en una celebridad. (No adelantemos acontecimientos)

Fulano no fue un niño afortunado ni feliz: el operador le daba al vino y la taquillera tenía merecida fama de casquivana.  Así que Fulano, al que sus padres olvidaron educar en valores se convirtió en un niño solitario, esquivo con los demás (casi no hablaba con nadie y bajo la tremenda crueldad de sus compañeros pasó esa terrible época). Adolescencia. Y Fulano seguía sólo, sin apenas contacto con el mundo exterior, viviendo ensimismado en sus pensamientos, en su mundo. Fulano había desarrollado  una gran afición a la lectura: devoraba tres o cuatro libros a la semana, especialmente de poesía. Otra de sus grandes aficiones era, como no, el cine. Se “chupaba” todas las películas que papá proyectaba mientras mamá ya se había ido hace tiempo con un señor  mayor a “hacer las américas”. Visionaba películas de todo tipo. Los sábados en la noche proyectaban películas porno. Fulano se fascinó por este mundo, tan reconfortante para él. En una de esas proyecciones (por casualidades de esta vida, que las hay) acudió al cada vez más desvencijado cine un cazatalentos del cine porno y descubrió a Fulano adorando a Onán, precisamente el día en el que Fulano alcanzaba la mayoría de edad. Y se sorprendió del tamaño del “aparato” de Fulano. Habló con Fulano de sus dotes naturales y de que si le apetecía rodar películas “educativas”.Fulano ni se lo pensó. Se abría ante él un mundo nuevo, una esperanza a la que aferrarse, una luz al final del túnel. El éxito fue rápido, total y directo. Fulano fue conocido a partir de entonces como Fulano FLAUTA por las tremendas dimensiones, longitud, grosor y textura de su pene. Y porque en las películas que aparecía mientras fornicaba con las mujeres más exuberantes de la época recitaba versos de LEOPOLDO MARÍA PANERO, como los que siguen a continuación:

NO ES TU SEXO LO QUE EN TU SEXO BUSCO

 SINO ENSUCIAR TU ALMA:

                                                        DESFLORAR

CON  TODO EL BARRO DE LA VIDA

LO QUE AÚN NO HA VIVIDO”

Nunca se ha visto a un actor porno tan entregado a su causa, tan profesional. Fornicaba y declamaba como si en ello le fuese la vida entera. Fulano ganó mucho dinero en poco tiempo, los “amigos”  se le multiplicaron, era el hombre del momento. Desgraciadamente, no estaba preparado para un giro en su vida de esta magnitud. Empezó a frecuentar compañías poco recomendables, hacía caso omiso a su papá, que de paso, se estaba forrando pasando las películas de su hijo.

Entonces Fulano tuvo la desgracia de casarse son Mengana BANANAS una de las “cazafortunas” más despiadadas con sus maridos y actriz porno ocasional, de las mejores, pero muy  mal  mirada dentro del mundillo X. Poco tiempo después Fulano cayó en desgracia, apareció el video reproductor y  fue olvidado por los directores, críticos y público que no ha mucho lo admiraban. Mengana se largó con el nuevo ídolo masculino de la industria pornográfica: Zutano CIRUELO y  su característico TALADROR, imposible de superar por Fulano. Además Zutano cantaba ópera mientras estaba bombeando. Había nacido un nuevo ídolo  que arrastró a un abismo de drogas, alcohol, y miseria al último gran actor del cine porno. Una noche de desenfrenada locura, fuera ya de sus cabales, Fulano se automutiló cortándose su pene erecto con un gran cuchillo de cocina. Estaba sólo. Murió desangrado recitando, mientras la vida se le escapaba, poco a poco, desde su verga ensangrentada, un poema de LEOPOLDO MARÍA PANERO

SOY EL REY DE LA NADA

 Y REZO PORQUE YA NO EXISTO

MI MANO SEMBRADA DE DIOSES

REZA ANTE UN SER QUE NO EXISTE”

DEDICADO A TODOS LOS ONANISTAS (ME INCLUYO A MI MISMO).Y A  LA MEMORIA DE JOHN HOLMES (1944-1988) EL MÁS GRANDE ACTOR PORNO DE TODOS LOS TIEMPOS. Y A  LEOPOLDO MARÍA PANERO. Y A TI, QUE ME LEES

                 EL KEBRAN

                            http://elkebrantaversos.blogspot.com/

 
Relato ganador del mes de mayo.
 
Un elefante, pero qué es un elefante?
Aparentemente parece mucho más grande que una hormiga y bastante más pequeño que un taller mecánico.

Es un ser más o menos torpe, bondadoso, amable. Corpulento, muy corpulento. Toneladas de corpulencia al servicio de unas orejas que se asemejan al mapa de África y una piel tan ajada que sugiere los parches de una calle del centro de cualquier tonta ciudad.

Si donde pisaba Atila, según la leyenda, no crecía la hierba, donde pone su impronta un elefante, no crece ni una lata de fabada Litoral. Y la belleza de sus ojos, sólo son comparables a los de las vacas, en las que tanto cariño deposito.

En muchos momentos no puedo eludir la sensación de sentirme como el personaje de la película de David Lynch, “El hombre elefante”, una especie de monstruo humano de la era victoriana, cuyo rostro quedó deformado duramente al nacer por una enfermedad. Su cara, severamente destruida, muestra claramente los rasgos de un elefante.

Aunque para ser completamente sincero, esta sensación de hombre-elefante es vinculante a la de identificarme y verme reflejado en muchos momentos de mi vida con la de un juguetón y un poco bobo, por qué no decirlo, Dumbo.

Otros momentos, en los que perezco lentamente, me considero un extra o actor principal encarnado en una película de Tarzán, al que adoraba y admiraba a partes iguales.

Se trataba de “La senda de los elefantes”, que no era otra que la que cruzaban con la lentitud del que teme abandonar este mundo, pero que tampoco espera nada del otro lado, por lo que su lento caminar encierra una auténtica desesperanza, desolación recorriendo esos últimos metros para encontrarse con la nada, o lo que es lo mismo para que la muerte se tope cara a cara con él.

En otras ocasiones, cuando ejerzo de humano, soy un poco de algo tan necesario como aquel papel higiénico, en el que un amarillento celofán cubría el papel adornado por un sonriente, comercial, cordial elefante. Qué labor tan dura cuando te ha correspondido un papel tan noble como el de ser higiénico.

Pero todos, y yo con ellos, como hombre-elefante-que-soy entonamos cada día aquella famosa melodía que rezaba: un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña, y al ver que se divertía fue a llamar a otro elefante, dos elefantes se balanceaban. . .

Un elefante, pero qué es un elefante?

Elefante serás tú!

Bolo, enero 2.008

 
 

Este es el "relato" del mes de abril -ensayo-

 

"Con los años descubrí que si todo poeta es un extrañado, no todo extrañado es poeta en la acepción genérica del término... Si por poeta entendemos funcionalmente al que escribe poemas, la razón de que los escriba (no se discute la calidad) nace de que su extrañamiento como persona suscita siempre un mecanismo de challenge and response; así cada vez que el poeta es sensible a su lateralidad, a situación extrínseca en una realidad aparentemente intrínseca, reacciona poéticamente (casi diría profesionalmente, sobre todo a partir de su madurez técnica); dicho de otra manera, escribe poemas que son como petrificaciones de ese extrañamiento, lo que el poeta ve o siente en lugar de, o al lado de, o por debajo de, o en contra de, remitiendo este de a lo que los demás ven tal como creen que es, sin desplazamiento ni crítica interna. Dudo de que exista un solo gran poema que no haya nacido de esa extrañeza o que no la traduzca; más aún, que no la active y la potencie al sospechar que es precisamente la zona intersticial por donde cabe acceder. También el filósofo se extraña y se descoloca deliberadamente para descubrir las fisuras de lo aparencial, y su búsqueda nace igualmente de un challenge and response; en ambos casos, aunque los fines sean diferentes, hay una respuesta instrumental, una actitud técnica frente a un objeto definido.

Pero ya se ha visto que no todos los extrañados son poetas o filósofos profesionales. Casi siempre empiezan por serlo o por querer serlo, pero llega el día en que se dan cuenta de que no pueden o que no están obligados a esa response casi fatal que es el poema o la filosofía frente al challenge del extrañamiento. (.)Los humoristas, algunos anarquistas, no pocos criminales y cantidad de cuentistas y novelistas se sitúan en este sector poco definible en el que la condición de extrañado no acarrea necesariamente una respuesta de orden poético. Estos poetas no profesionales sobrellevan su desplazamiento con mayor naturalidad y menor brillo, y hasta podría decirse que su noción del extrañamiento es lúdica por comparación con la respuesta lírica o trágica del poeta. Mientras éste libra siempre un combate, los extrañados a secas se integran en la excentricidad hasta un punto en que lo excepcional de esa condición, que suscita el challenge para el poeta o el filósofo, tiende a volverse condición natural del sujeto extrañado, que así lo ha querido y que por eso ha ajustado su conducta a esa aceptación paulatina."



Julio Cortazar
(Fragmento de: La Vuelta al Día en Ochenta Mundos. Tomo I.).

 

 

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